miércoles, 14 de diciembre de 2011

El futuro fotovoltaico español


La potencia de la radiación solar que alcanza la parte superior de
nuestra atmósfera se estima en 174 petavatios, pero solo el 10 %
acaba incidiendo sobre tierra firme, lo que equivale a una energía
anual de unos 385 zettajulios. Esto significa que la superficie de la
Tierra recibe del Sol en un día más del doble de la energía primaria
que consumimos en todo el año 2010, pero no parece muy factible
cubrir la superficie sólida de la Tierra para poder aprovechar esta
energía. Siendo más realistas, el Programa sobre Sistemas de Energía
Fotovoltaica del Organismo Internacional de la Energía estima
en su informe del año 2002 que el 48% del consumo eléctrico en
España podría satisfacerse integrándose instalaciones solares fotovoltaicas
en los edificios utilizando unos 620 km2 de superficie entre
cubiertas y fachadas.
La apuesta en España por este tipo de instalaciones empezó con
la aprobación del RD 314/2006, por el que se aprobó el Código
Técnico de la Edificación. Esta revisión del CTE marcó un punto de
inflexión en el uso de la energía solar en edificios, ya que obliga a
incluir paneles solares fotovoltaicos en la envolvente de determinados
edificios como son, por ejemplo, grandes superficies
comerciales o de ocio, naves de almacenamiento, hoteles y hospitales.
La aprobación de los reales decretos RD 661/2007, por el
que se regula la actividad de producción de energía eléctrica en
régimen especial, y del posterior RD 1578/2008, sobre la retribución
de la actividad de producción de energía eléctrica mediante
tecnología solar fotovoltaica, ayudaron a favorecer la rentabilidad
de este tipo de instalaciones.
Sin embargo, el RD 1565/2010 y el RDL 14/2010 han contribuido
definitivamente a transmitir a los inversores la sensación de
inseguridad jurídica que afecta a este sector derivada de la inestabilidad
normativa existente. No obstante, y pese a la disminución del
número de horas de producción primada y la aplicación retroactiva
de estas medidas, las instalaciones solares fotovoltaicas integradas
en edificaciones resultaron las mejor paradas, ya que son las afectadas
en menor grado por las reducciones en las tarifas retributivas.
La mayoría de agentes implicados en este sector manifiestan la
necesidad de dotar a la energía solar fotovoltaica española de un
marco regulador estable que otorgue seguridad a la inversión y permita
el desarrollo de la industria, todos ellos aspectos claves en el
proceso de descarbonización y desnuclearización de los actuales
sistemas de producción de energía eléctrica.
La práctica basada en la integración de sistemas fotovoltaicos
en la envolvente de los edificios, conocida como BIPV (siglas de
Building Integrated PhotoVoltaics), encaja a la perfección con los
nuevos retos que plantea la necesidad de hacer un uso eficiente de
la energía. En este sentido, la generación distribuida de energía eléctrica,
frente a las clásicas estrategias de producción centralizada,
es una pieza clave en el diseño e implementación de las microrredes
eléctricas.
Expertos del sector coinciden en señalar que la paridad de red
(momento a partir del cual le resulta más rentable a un consumidor
producir su propia energía eléctrica con tecnología fotovoltaica
que comprarla a terceros), y esperada en España para 2013, será
el momento clave en que se producirá el impulso definitivo a las
pequeñas instalaciones integradas en edificios.
La singularidad de producir electricidad a baja tensión en el punto
de consumo hace inevitable preguntarse cómo obtener más valor
añadido de esta generación limpia y tan cercana, representando así
grandes retos y oportunidades de innovación y desarrollo para la
comunidad científica, tecnológica y empresarial. Un ejemplo lo encontramos
en la acumulación energética accesoria a un sistema
fotovoltaico integrado en un edificio.
Esta acumulación puede mejorar la seguridad del suministro reduciendo
el impacto causado por las interrupciones; también puede
aumentar la productividad del generador fotovoltaico, bien sea reduciendo
las incidencias de desconexión del generador por exceso
de tensión en la red (aplazando parte de la inyección) o bien por
acumulación transitoria de la energía producida durante el tiempo
de desconexión e inyectando esta a la red más tarde. Por último,
si pensamos en un escenario futuro con elevada penetración de
electricidad de origen fotovoltaico, la acumulación permitirá una gestión
de la producción al poder diferir la inyección de parte de la
energía generada para desconectar temporalmente diversas regiones
de la red.
En este sentido, todo parece apuntar a que el sector solar en
nuestro país todavía puede tener un futuro prometedor.
Guillermo Velasco (EUETIB de la UPC)
Xavier Vallvé (Trama TecnoAmbiental)

Fuente: Revista Técnica industrial
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